Discriminados

miércoles, 6 de mayo de 2009 · 0 comentarios

Gracias a Maribesha, que goza Buenos Aires

Ningún país, en ninguna época ha soportado una campaña de descrédito tan prolongada, profunda y sistemática como México y ninguna obra humana ha sido tan desprestigiada como los esfuerzos de su pueblo por salir adelante. Tal vez para reafirmar su superioridad, a Estados Unidos le ha resultado cómodo compararse con México, al que ha tratado de humillar por siglos. En esta obra de descrédito, desde los tiempos del cine mudo, Hollywood ha desempeñado un importante rol.
El cine, la literatura barata y la política de despojo y dominación se han encargado de difundir una imagen de México como un lugar salvaje, un entorno sucio, árido, polvoriento, pobre hasta lo miserable, escasamente urbanizado, habitado por criaturas primitivas, violentas y rencorosas, que conviven en los límites de la ley, sin disfrutar de los dones de la educación ni conocer los hábitos de higiene. En tiempos más recientes el narcotráfico y el pandillerismo han sumado argumentos a la infamia.

Dado los estereotipos racistas y discriminadores, fabricados por la propaganda y considerablemente exagerados por las visiones negativas acerca de los emigrantes ilegales, México puede ser una sede magnifica para fabricar una pandemia universal y mediante un nuevo tipo de fobia, hacer que el mundo desarrollado, incluso quienes no lo son, reaccionen frente a la pobreza no con compasión hacia quienes la padecen o con ira ante los responsables históricos de la tragedia, sino criminalizando a las víctimas.

De modo abierto, en lugar de la solidaridad y la comprensión que México y su pueblo merecen, sin disimulo comienza a aparecer un rechazo a los mexicanos y una arrogante actitud racista que nada tienen que ver con los temas de salud.

Sin justificación alguna y en contra de las advertencias de la Organización Mundial de la Salud hay países donde en lugar de buscar enfermos buscan a mexicanos o personas llegadas de ese país, en cualquier fecha e incluso realizan censos de mexicanos; en algunos lugares se chequean los aviones procedentes de México y los pasajeros de otras nacionalidades son descartados sin ser molestados, mientras a los mexicanos se les investiga, como si se tratara de portadores de un virus étnico.
Continúan reportándose casos como el de la familia mexicana que sin estar enferma fue sacada de un hotel en China e internada, pasajeros mexicanos sanos puestos en cuarentena, tripulaciones de aeronaves a las que no se permite desembarcar, prohibición de importaciones de carne de cerdo y otras mercancías procedentes de México. De forma injustificada se cancelan presentaciones de atletas o de artistas mexicanos.

Algo peor que la enfermedad lo padecen los emigrantes mexicanos que se encuentran en situación irregular en los Estados Unidos, a quienes a pesar de residir en ese país desde meses y años antes de la epidemia y de no haber estado en México en mucho tiempo, se les maltrata como portadores del virus; no por estar infectados, sino por ser mexicanos. Se reportan incluso casos de nacionales mexicanos con estancia legal en los Estados Unidos que también son victimas de actitudes discriminatorias.

México y su pueblo que pasan por un momento crítico, enfrentan serenos la adversidad y cuyas autoridades son consecuentes y comprensibles con las previsiones sanitarias adoptadas por diversos países para protegerse del contagio; hace bien en protestar frente a acciones desmesuradas y abusos violatorios de la legalidad y de los derechos de sus ciudadanos, víctimas de medidas exageradas, racistas, sensacionalistas y carentes de justificación sanitaria y de bases científicas.

México no necesita ni ha pedido tolerancia y puede que excepto en materia científica no requiera ayuda internacional para enfrentar la eventualidad, pero tampoco puede admitir sin rebelarse que se exageren y se magnifiquen los hechos, se desacredite al país y al estilo de vida de su pueblo, se dañe su imagen y se ofenda a sus ciudadanos.
En desagravio a la propaganda negativa que ha pretendido caricaturizar a México, el cine, la literatura, la escultura, la pintura, la música y todas las manifestaciones culturales autóctonas, han aportado y recreado una genuina imagen de México y su pueblo en la cual sus hombres y mujeres, sus campesinos, jóvenes, intelectuales y artistas, pobres, sufridos o agraciados, lucen esplendorosos insertados en magníficos paisajes naturales y urbanos.

No obstante, la propaganda adversa y los estereotipos racistas y xenófobos cultivados en su vecindad, a base de esfuerzos tesoneros, coraje, voluntad y talento, México ha forjado una imagen que lo ha llevado a figurar entre las plazas más visitadas del planeta, situación a la que debe regresar tan pronto la emergencia sea rebasada.
No existen los virus étnicos y las pandemias no tienen patria. El A H1N1 no es mexicano de nacimiento.

martes, 5 de mayo de 2009 · 0 comentarios


No puedo creer lo que dice aqui.

Obesidad, Diabetes, Influenza y Neoliberalismo...todas juntas

domingo, 3 de mayo de 2009 · 1 comentarios


Solo para que nos demos una leve idea de porque la Gripe Jodida pegó mas en México que en otro lado, tomemos el caso de la diabetes.

-En México, cada hora son detectados 38 nuevos casos de diabetes.

-Según las cifras oficiales, la enfermedad se incrementó más de 30 veces en la segunda mitad del siglo. Por ejemplo, en 1955 se registraron 1500 muertes por esta causa, mientras que en el año 2000 se presentaron aproximadamente 47.814 decesos. En términos relativos, su contribución proporcional a la mortalidad del país pasó de 0.4 por ciento a más del diez por ciento, para así constituirse en la tercera causa de muerte en México.

-Según datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2006 1 de cada 3 mexicanos padece de sobrepeso u obesidad; entre la población adolescente se repite la misma incidencia, es decir, hay más de cinco millones de jóvenes obesos.

Es mas, Agustin Carstens, es nuestro gran Peso Pesado.
Casualmente ya no habla de "una semana perdida", ni siquiera "un mes", habla de un trismetre perdido.

Y bueno, 30 años de neoliberalismo y privatizaciones no podían traer aparejado otra cosa mas que esto.
Estamos hasta la madre.



PD: recordemos que en México, cada año fallecen 14 mil personas por accidentes de tránsito. (¿No sera hora de prohibir los automóviles y empezar a discutir su utilidad?)

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· 2 comentarios


El trabajo mas dificil de bloguear es conseguir "comentarios".
Luego de la "cantidad" se pasa a la "calidad", se suprimen anonimos, insultos, trasnochadores, chicaneros abusivos y cowboys, que siempre hay.
Si no lo hacemos, no educamos.
Se transforma en la misma huevada que ir al Chedraui a gastar lana.
A mi me divierte, Pepe sabe que ya soy famosisimo.

Chinga... ¿donde hay un blog politico-cultural con onda?
Que no sea esa pinche mamada de Kikka.

Como nos ven en el exterior

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Sobre la calle de Sullivan, en el centro de la capital, por lo menos 200 prostitutas se alinean codo a codo a lo largo de tres cuadras. Lucen, desde luego, minifaldas generosas, o jeans y blusitas para mostrar el ombligo. Cuatro de cada diez usan barbijos. Una doble hilera de coches desfila ante ellas a paso de homre. Los automovilistas también se protegen con mascarillas. El gobierno del Distrito Federal tiene un control absoluto sobre los establecimientos mercantiles de la ciudad: no hay nada abierto. No se puede ir al cine, a cenar, a beber, a bailar, a escuchar música en vivo, a hacer gimnasia, a nadar, a jugar boliche, squash. Nada. Todo por ahora está vetado, excepto quizá las prostitutas que, hasta donde se alcanza a ver, nadie se lleva al río.

“No sé ni para qué vine”, dice Arlette, de 24 años, originaria de Oaxaca, al sur del país. “Nomás pasan y pasan escuincles (jovencitos) que nos hacen perder tiempo. Esto está muerto...” A propósito de muertos, ¿conoces a alguien que se haya muerto de influenza? “Esta semana sí he sabido de tres muertes: un señor de 62 años, que se murió de insuficiencia renal; un bebito que se ahorcó con el cordón de su mamá y una señora que murió al dar a luz”. ¿Dónde sucedió esto? “En la colonia donde vivo, por el Reclusorio Norte” (un barrio como Lanús). Pero “de influenza nadie”.

De estigmas y golosinas

El virus A H1N1 ya no se llama porcino tras el brutal exterminio de cerdos emprendido en Egipto. Como explican una y otra vez los expertos en la televisión, es sesenta veces más pequeño que una célula y “no viaja más de 50 centímetros cuando salta de la nariz o la boca de una persona enferma que tose o estornuda. Si no estamos muy cerca de esa persona, es improbable que nos contagie. El problema empieza cuando los miles de virus que esa persona dispersa al estornudar caen sobre la superficie de las cosas: la mesa, la silla, los platos, el teléfono, un libro, lo que sea. Porque el virus se mantiene vivo en contacto con el aire varias horas y si uno toca la mesa, la silla, etcétera, se lo adhiere a la piel de la mano, y luego si se mete el dedo en la nariz o en la boca, o se frota los ojos, ahí sí que se puede contagiar”.

Pero la gente no acaba de comprender que el verdadero riesgo de contagio está en las manos y no en el aire. Si así fuera, millones habríamos caído ya, patas arriba, como moscas. Después de atravesar media ciudad por túneles subterráneos, encerrado en un vagón con distintas personas que subían y bajaban en cada parada, y que podían estar infectadas o no, la noche del viernes un jovencito salió del Metro en la estación Mixcoac –“lugar de serpientes” en náhuatl, el barrio donde nació Octavio Paz– y sólo entonces se cubrió la boca y la nariz con la mascarilla de trapo.

Tres días antes, el martes 28, en Coyoacán (su equivalente en Buenos Aires sería San Telmo), dos muchachitas iban por una calle empedrada, cada cual con su cubrebocas, y no pudieron resistir la tentación de comprarse un helado de pistache. Acto seguido, se quitaron la protección y compartieron la golosina a chupetones, muertas de risa. Esta devoción por los tapabocas –que en realidad de poco o de nada sirven porque a la media hora se empapan de saliva y se convierten en trampas para cazar nanomonstruos–, engendró desde el primer momento un mercado negro y su precio saltó de un peso, que costaban en las farmacias, a 7,50 en la calle.

Pero si la economía del pánico ha ocasionado también afluencia de multitudes histéricas a los supermercados, las repercusiones internacionales de la crisis no han sido menos deslumbrantes. Al conocer que los gobiernos de Argentina y Cuba cancelaron los vuelos desde y hacia México –medida que intentó secundar Francia, pero fue rechazada por la Unión Europea–, el gobierno de Felipe Calderón recomendó a los habitantes del DF no salir de sus casas del 1° al 5 de mayo. Muchos capitalinos, ni tardos ni perezosos, partieron hacia los centros vacacionales.

Y anteayer, jueves, en Acapulco, el mítico puerto del Pacífico, un vehículo con placas del DF fue apedreado por un grupo de jóvenes en señal de repudio. Lo peor fue que, al ser cuestionado por los medios acerca del incidente, el alcalde Manuel Añorve Baños, justificó la agresión, y dijo: “todos lo que no tengan nada que hacer en Acapulco que se vayan a sus casas”.

La ocupación hotelera, en todo el país, es inferior a 10 por ciento, se supo anoche, mientras en la Sierra Gorda del estado de Querétaro, una región célebre por sus misiones franciscanas del siglo XVII, grupos de campesinos bloqueaban la única carretera asfaltada para detener a los autos con placas del DF y exigirles que volvieran por donde habían venido.

Bajo sitio

En el DF, desde el viernes 24 de abril todos los planteles escolares fueron cerrados “hasta nuevo aviso”. El propio viernes el alcalde capitalino, Marcelo Ebrard, de la coalición de izquierda que se opone tenazmente al gobierno conservador de Felipe Calderón, ordenó el cierre de cines, teatros, salas de concierto, museos y bibliotecas, así como la cancelación de más de 550 espectáculos al aire libre. El sábado 25 se decidió que el domingo todos los partidos de futbol se harían a puerta cerrada y los templos no celebrarían misas. Un nuevo golpe psicológico se produjo ese mismo domingo en la tarde, cuando en la plaza de toros de Aguascalientes, con el público borracho y eufórico en las tribunas, se dio a conocer que se cancelaba la corrida “por la epidemia que está sufriendo el país”. Los aficionados fueron conminados a evacuar las instalaciones de prisa, como si un ejército invasor acechara tras las murallas.

El pánico social, que ya estaba en efervescencia, se intensificó el lunes 27, cuando el gobierno capitalino decretó el cierre de los 35 mil restaurantes más gimnasios, piletas y cualquier espacio deportivo. Los empresarios gastronómicos protestaron con firmeza: “Estamos perdiendo millones de pesos diarios y peligran más de 450 mil empleos”. Ebrard, el alcalde, respondió anticipando que su gobierno contemplaba la clausura temporal de todas las líneas de Metro, Metrobús y microbuses, pero aclaró que los restaurantes podían vender comida para llevar o surtir pedidos a domicilio. Muchos negocios, de inmediato, colocaron pizarrones delante de sus rejas con ofertas mas sospechosas que atractivas: “Todo al dos por uno”. La cámara de restauranteros reportó que cada establecimiento, en promedio, había vendido tres platillos al día. Un desastre.

La danza de los muertos

A fines de los ’90 existían en México tres organismos oficiales vinculados con el tema epidemiológico: el Instituto Nacional de Higiene, el Instituto Nacional de Virología y los Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México. Los dos primeros se dedicaban a los virus conocidos en el país y diseñaban fórmulas para combatirlos. El tercero surtía vacunas, sueros, inmunoglobulinas y reactivos de diagnóstico al aparato gubernamental de salud. Las tres entidades desaparecieron por decisión oficial entre 2000 y 2006, y el país quedó inerme en esta materia.

Cuando aparecieron los primeros casos de influenza porcina, en el DF y Oaxaca, a mediados de marzo, las instituciones de salud pública no fueron capaces de identificarlos por falta de herramientas. Cuando el problema se agravó, en la segunda quincena de abril, México envió muestras clínicas a laboratorios canadienses para que las analizaran. Ese proceso demoró hasta el jueves 23 de abril.

Como la situación no podía seguir manejándose a larga distancia, tanto la Organización Mundial de la Salud como el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos, instalaron en el DF un laboratorio altamente equipado para descifrar la epidemia. Y cuando éste dio sus primeros resultados, el martes 28, empezó la danza de los muertos. Para ayer al final de la tarde eran 16 los casos “plenamente confirmados” y la credibilidad del gobierno, que supo anunciar veinte, continúa a la baja.

En una sociedad tan politizada como la del DF, donde amplios sectores sostienen que Calderón llegó a la presidencia mediante un fraude electoral en 2006, y que inició una supuesta guerra contra el narcotráfico como pretexto para militarizar el país y afianzarse en el poder, el manejo informativo de este brote epidémico ha generado más suspicacias que certezas, sobre todo porque, ante el asombro del mundo entero, las autoridades se han negado a proporcionar datos verificables sobre los muertos, cuyo número crece y disminuye a capricho del ministro de Salud.



Fuente: Diario Pagina12

Como nos ven en el exterior

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Sobre la calle de Sullivan, en el centro de la capital, por lo menos 200 prostitutas se alinean codo a codo a lo largo de tres cuadras. Lucen, desde luego, minifaldas generosas, o jeans y blusitas para mostrar el ombligo. Cuatro de cada diez usan barbijos. Una doble hilera de coches desfila ante ellas a paso de homre. Los automovilistas también se protegen con mascarillas. El gobierno del Distrito Federal tiene un control absoluto sobre los establecimientos mercantiles de la ciudad: no hay nada abierto. No se puede ir al cine, a cenar, a beber, a bailar, a escuchar música en vivo, a hacer gimnasia, a nadar, a jugar boliche, squash. Nada. Todo por ahora está vetado, excepto quizá las prostitutas que, hasta donde se alcanza a ver, nadie se lleva al río.

“No sé ni para qué vine”, dice Arlette, de 24 años, originaria de Oaxaca, al sur del país. “Nomás pasan y pasan escuincles (jovencitos) que nos hacen perder tiempo. Esto está muerto...” A propósito de muertos, ¿conoces a alguien que se haya muerto de influenza? “Esta semana sí he sabido de tres muertes: un señor de 62 años, que se murió de insuficiencia renal; un bebito que se ahorcó con el cordón de su mamá y una señora que murió al dar a luz”. ¿Dónde sucedió esto? “En la colonia donde vivo, por el Reclusorio Norte” (un barrio como Lanús). Pero “de influenza nadie”.

De estigmas y golosinas

El virus A H1N1 ya no se llama porcino tras el brutal exterminio de cerdos emprendido en Egipto. Como explican una y otra vez los expertos en la televisión, es sesenta veces más pequeño que una célula y “no viaja más de 50 centímetros cuando salta de la nariz o la boca de una persona enferma que tose o estornuda. Si no estamos muy cerca de esa persona, es improbable que nos contagie. El problema empieza cuando los miles de virus que esa persona dispersa al estornudar caen sobre la superficie de las cosas: la mesa, la silla, los platos, el teléfono, un libro, lo que sea. Porque el virus se mantiene vivo en contacto con el aire varias horas y si uno toca la mesa, la silla, etcétera, se lo adhiere a la piel de la mano, y luego si se mete el dedo en la nariz o en la boca, o se frota los ojos, ahí sí que se puede contagiar”.

Pero la gente no acaba de comprender que el verdadero riesgo de contagio está en las manos y no en el aire. Si así fuera, millones habríamos caído ya, patas arriba, como moscas. Después de atravesar media ciudad por túneles subterráneos, encerrado en un vagón con distintas personas que subían y bajaban en cada parada, y que podían estar infectadas o no, la noche del viernes un jovencito salió del Metro en la estación Mixcoac –“lugar de serpientes” en náhuatl, el barrio donde nació Octavio Paz– y sólo entonces se cubrió la boca y la nariz con la mascarilla de trapo.

Tres días antes, el martes 28, en Coyoacán (su equivalente en Buenos Aires sería San Telmo), dos muchachitas iban por una calle empedrada, cada cual con su cubrebocas, y no pudieron resistir la tentación de comprarse un helado de pistache. Acto seguido, se quitaron la protección y compartieron la golosina a chupetones, muertas de risa. Esta devoción por los tapabocas –que en realidad de poco o de nada sirven porque a la media hora se empapan de saliva y se convierten en trampas para cazar nanomonstruos–, engendró desde el primer momento un mercado negro y su precio saltó de un peso, que costaban en las farmacias, a 7,50 en la calle.

Pero si la economía del pánico ha ocasionado también afluencia de multitudes histéricas a los supermercados, las repercusiones internacionales de la crisis no han sido menos deslumbrantes. Al conocer que los gobiernos de Argentina y Cuba cancelaron los vuelos desde y hacia México –medida que intentó secundar Francia, pero fue rechazada por la Unión Europea–, el gobierno de Felipe Calderón recomendó a los habitantes del DF no salir de sus casas del 1° al 5 de mayo. Muchos capitalinos, ni tardos ni perezosos, partieron hacia los centros vacacionales.

Y anteayer, jueves, en Acapulco, el mítico puerto del Pacífico, un vehículo con placas del DF fue apedreado por un grupo de jóvenes en señal de repudio. Lo peor fue que, al ser cuestionado por los medios acerca del incidente, el alcalde Manuel Añorve Baños, justificó la agresión, y dijo: “todos lo que no tengan nada que hacer en Acapulco que se vayan a sus casas”.

La ocupación hotelera, en todo el país, es inferior a 10 por ciento, se supo anoche, mientras en la Sierra Gorda del estado de Querétaro, una región célebre por sus misiones franciscanas del siglo XVII, grupos de campesinos bloqueaban la única carretera asfaltada para detener a los autos con placas del DF y exigirles que volvieran por donde habían venido.

Bajo sitio

En el DF, desde el viernes 24 de abril todos los planteles escolares fueron cerrados “hasta nuevo aviso”. El propio viernes el alcalde capitalino, Marcelo Ebrard, de la coalición de izquierda que se opone tenazmente al gobierno conservador de Felipe Calderón, ordenó el cierre de cines, teatros, salas de concierto, museos y bibliotecas, así como la cancelación de más de 550 espectáculos al aire libre. El sábado 25 se decidió que el domingo todos los partidos de futbol se harían a puerta cerrada y los templos no celebrarían misas. Un nuevo golpe psicológico se produjo ese mismo domingo en la tarde, cuando en la plaza de toros de Aguascalientes, con el público borracho y eufórico en las tribunas, se dio a conocer que se cancelaba la corrida “por la epidemia que está sufriendo el país”. Los aficionados fueron conminados a evacuar las instalaciones de prisa, como si un ejército invasor acechara tras las murallas.

El pánico social, que ya estaba en efervescencia, se intensificó el lunes 27, cuando el gobierno capitalino decretó el cierre de los 35 mil restaurantes más gimnasios, piletas y cualquier espacio deportivo. Los empresarios gastronómicos protestaron con firmeza: “Estamos perdiendo millones de pesos diarios y peligran más de 450 mil empleos”. Ebrard, el alcalde, respondió anticipando que su gobierno contemplaba la clausura temporal de todas las líneas de Metro, Metrobús y microbuses, pero aclaró que los restaurantes podían vender comida para llevar o surtir pedidos a domicilio. Muchos negocios, de inmediato, colocaron pizarrones delante de sus rejas con ofertas mas sospechosas que atractivas: “Todo al dos por uno”. La cámara de restauranteros reportó que cada establecimiento, en promedio, había vendido tres platillos al día. Un desastre.

La danza de los muertos

A fines de los ’90 existían en México tres organismos oficiales vinculados con el tema epidemiológico: el Instituto Nacional de Higiene, el Instituto Nacional de Virología y los Laboratorios de Biológicos y Reactivos de México. Los dos primeros se dedicaban a los virus conocidos en el país y diseñaban fórmulas para combatirlos. El tercero surtía vacunas, sueros, inmunoglobulinas y reactivos de diagnóstico al aparato gubernamental de salud. Las tres entidades desaparecieron por decisión oficial entre 2000 y 2006, y el país quedó inerme en esta materia.

Cuando aparecieron los primeros casos de influenza porcina, en el DF y Oaxaca, a mediados de marzo, las instituciones de salud pública no fueron capaces de identificarlos por falta de herramientas. Cuando el problema se agravó, en la segunda quincena de abril, México envió muestras clínicas a laboratorios canadienses para que las analizaran. Ese proceso demoró hasta el jueves 23 de abril.

Como la situación no podía seguir manejándose a larga distancia, tanto la Organización Mundial de la Salud como el Centro para el Control de Enfermedades de Estados Unidos, instalaron en el DF un laboratorio altamente equipado para descifrar la epidemia. Y cuando éste dio sus primeros resultados, el martes 28, empezó la danza de los muertos. Para ayer al final de la tarde eran 16 los casos “plenamente confirmados” y la credibilidad del gobierno, que supo anunciar veinte, continúa a la baja.

En una sociedad tan politizada como la del DF, donde amplios sectores sostienen que Calderón llegó a la presidencia mediante un fraude electoral en 2006, y que inició una supuesta guerra contra el narcotráfico como pretexto para militarizar el país y afianzarse en el poder, el manejo informativo de este brote epidémico ha generado más suspicacias que certezas, sobre todo porque, ante el asombro del mundo entero, las autoridades se han negado a proporcionar datos verificables sobre los muertos, cuyo número crece y disminuye a capricho del ministro de Salud.



Fuente: Diario Pagina12

El post mas chafa de la Influenza

sábado, 2 de mayo de 2009 · 0 comentarios


Detesto los posteos llenos de comentarios "Anonimos". En este blog se borraran.
Pero recibi desde Argentina un mail con este posteo y como casualmente en ese sitio ya habia dejado un comentario que jamas me contestaron (imposible en ese mar de insultos y bestialidades que impidieron un debate ameno y que es responsabilidad de quien postea) lo reproduzco aca, con la esperanza de que se debata en otro tono.


"Jorge, con mucha humildad te digo que estas uniendo cosas que no tiene relacion directa.
En todas tienes razon y tus dudas estan claras, pero creo que conduces todo hacia una unica respuesta, la tuya.

La contundencia de la votacion por las leyes a la Policia Federal (303 a 13) registra que esas leyes las hubiesen puesto con o sin Influenza, ya que el resultado denota la construccion de un consenso envidiable para regalarle a la corporacion policial semejantes libertades de accion.

El tema de los drogas es otro, por separado y se trata de una discusion historica por reglamentar algo que tambien esta sucediendo: todo el mundo se droga y el Estado considera que lo mejor es extraer impuestos en desmedro de las mordidas que por este negocio se lleva la Policia.

La Teoria del Shock planteada por Naomi Klein no tiene relacion con la Influenza sino con golpes de efecto mas contundentes tales como los eventos del 11-S.

Y el otro tema subyacente e importante es la manipulacion que la poblacion sufrepor parte de los terribles monopolios mediaticos y la "funcionalidad" que la paralizacion de las actividades trae aparejado para beneplacito de Felipoe Calderon, pero ese es otro gran tema que abria que tocar en varios posteos en todo caso.

Mi pregunta es: ¿porque iban a necesitar poner de pantalla una "mentira", si lo pueden hacer sin ella?

Trafico de personas